miércoles, 6 de abril de 2016

REGRESIÓN. Manipulación y prejuicios.

(El presente texto contiene spoilers. Abstenerse quienes no hayan visto la película)


Lo siento, pero no. "Regresión" no es un thriller al uso. Os va a decepcionar si esperáis ver la película definitiva de Amenábar, director habilidoso y gran conocedor particularmente de los entresijos del género que nos ocupa, autor de notable caligrafía fílmica pero en ningún caso ese genio precoz como se le catalogó en su día. Ese sambenito es el que, a la postre, le está dando tantos quebraderos de cabeza a Amenábar. Todo lo que hace se mira con lupa, por crítica y público. Pero volvamos a la idea que encabeza este texto: "Regresión" no es un thriller al uso. La atmósfera gris y lluviosa puede recordarnos a clásicos como "Seven", o a filmes mas actuales como "Prisioneros". Incluso a series como "True detective", obras con las que comparte sólo ideas formales y de estilo. Pero realmente no hay nada o casi nada en común. Lo que molesta, y esta vez mas al público (su gran aliado desde siempre) que a la crítica, es que Amenábar ha ido demasiado lejos con su nuevo McGuffin. Como propuesta es demasiado plana en su capa superficial, y a la par, es demasiado sofisticada para ser explorada por un público muy acomodado en el terreno de las explicaciones fáciles. 
No voy a detenerme demasiado en explicar ni el argumento ni la trama de la película, tan solo intentaré argumentar porqué "Regresión" es una propuesta interesante y bien construida, y lo mejor de todo, porqué deja huella y fomenta un debate profundo y duradero. Tenemos por un lado una investigación llevada a cabo por el policía Bruce Kenner (Hawke), en la que el padre de una joven, Angela (Watson), se entrega a las autoridades asumiendo que su hija lo ha denunciado por abusos sexuales. El padre de la chica entra en la comisaría en estado de shock tras bajarse del coche. Amenábar filma un plano en primera persona, y usando un leve desenfoque, una percepción subjetiva que deja bien claro que todo lo que sucede en ese momento se debe al aturdimiento del personaje. Resulta igualmente llamativo que Bruce Kenner, mucho mas avanzada la película, sea filmado de la misma forma entrando en la comisaría. Es una forma elegante y una idea de puesta en escena muy loable por parte de Amenábar, que nos deja muy clara la naturaleza subjetiva del relato, caracterizado por una idea central interesantísima: la alteración de la voluntad del individuo en su entorno social, y su relación con una comunidad manipulada inconscientemente. 
Pero mejor detengámonos primero en cómo Amenábar nos cuela esa idea tan interesante. Kenner y el profesor Raines someten a Gray a una terapia de regresión para que recuerde lo sucedido con los supuestos abusos sexuales a los que ha sometido a su hija. Ambos, el policía y el científico, insisten en estimular a Gray con frases inducidas que pueden modificar sus (¿falsos?) recuerdos, sino crearlos de la nada. Y ahí está la clave de la película, pues esa sesión de regresión va a condicionar la siguiente investigación de Kenner, tortuosa para él y todos sus compañeros policías en busca de una secta satánica inexistente.
Amenábar juega de forma magistral a introducir ideas falsas y prejuicios en el espectador, manipulando su punto de vista con una regresión en toda regla. Regresión de la que ni los propios personajes del relato se escapan: Kenner comienza a tener pesadillas muy realistas en las que es secuestrado por satánicos en su propia casa, e incluso iniciándolo en un ritual escalofriante en el que el propio policía mata a un bebé y se lo come. Absolutamente desconcertante y brutal.
“Regresión” es una metáfora valiente y defendible sobre el poder que ostentan los medios de comunicación, las multinacionales, las religiones o los gobiernos para dirigir nuestras vidas y hacernos creer que todo lo que nos cuentan es real. Es una alegoría sobre la indefensión del individuo frente a semejantes poderes oscuros y codiciosos. Por eso no es de extrañar que Kenner descubra que se ha autoinfligido una regresión escuchando las declaraciones de Angela en una grabadora mientras visita el taller de su padre, supuesto escenario de las orgías y sacrificios satánicos, sin olvidar, por supuesto, el magnífico momento en el que descubre que la anciana de sus pesadillas es la protagonista de un anuncio de una marca de sopa que él mismo come a diario y ve en anuncios, sin percatarse de ello. De la misma forma podemos entender que no es casual que Angela represente el poder de los medios de manipulación masiva, como demuestra la secuencia final en la que, mirando directamente a la cámara, reitera que hay que creer en la existencia de las sectas satánicas. Que Angela viva recluida en una iglesia bajo la protección incondicional del reverendo Murray durante toda la película deja a las claras también la connivencia entre religión y Poder. Regresiones constantes que dirigen nuestras vidas, moldeándolas, introduciendo ideas preconcebidas, haciéndolas nuestras, creyéndolas nuestras. 
Las capas populares mas desfavorecidas como campo de experimentación para aplicar regresiones aún mayores. El propio Kenner lo dice autocovenciéndose: “tengo la sensación de que esto es algo mucho más grande”. No se equivoca. Amenábar cierra el relato el plano de un cielo despejado y plácido, aportando esperanza y luz a un excelente relato sobre la mirada distorsionada del individuo alienado, y la psicosis y manipulación social que vertebra las sociedades modernas.

MA_ Panadero