martes, 24 de mayo de 2016

LA BRUJA. Un cuento de terror con trasfondo social.


Advertencia: El presente texto contiene información que revela importantes detalles argumentales de la película.

Una de las ideas mas interesantes que he leído sobre "La Bruja" es la que hace referencia a los inequívocos vínculos de esta historia ambientada en la Alta Edad Media en Nueva Inglaterra y los atentados del 11S. A su vez, esta ópera prima de Robert Eggers (director y guionista de la película que nos ocupa) recuerda a otra obra, "El Bosque", de M. Night Shyamalan, con la que tiene no pocas conexiones más allá de lo estrictamente argumental, conexiones que nos retrotraen también a las (aún) terribles y traumáticas consecuencias de los atentados de 2001.
He de añadir que "La Bruja", antes de entrar en materia, es una obra difícil de digerir y de ignorar, debido a su impresionante belleza plástica, a la fotografía naturalista de Jarin Blanschke, que recuerda a la pintura flamenca y también y particularmente a las pinturas negras de Goya. La banda sonora de Mark Korven por su lado describe y transmite a la perfección la paranoia y el miedo que poderosas imágenes dejan en nuestras retinas. Y también hay que destacar la interpretación de todo el elenco, especialmente la joven Thomasin, interpretada por Anya Taylor-Joy.
La influencia estilística del cine de Dreyer, Bergman o Hanecke tampoco pueden ignorarse, recordando la cinta del novel director americano al tono dramático de "La palabra", "El séptimo sello" o "La cinta blanca".
La película narra la historia de una familia calvinista que en 1630 es expulsada de una colonia debido a la rebeldía de su progenitor, lo que les obliga a marcharse a vivir junto con su mujer y cinco hijos a una granja apartada y aislada. Los problemas, además de extrema gravedad, no se harán esperar. Debido a la escasez de alimentos la moral de la familia decae y origina situaciones tensas entre sus miembros que, unido a unas férreas creencias religiosas y supersticiosas, generará un estallido de paranoia al que no podrán poner freno. La desolación y el miedo se desata cuando en los primeros compases de la película, el hermano pequeño, un bebé de pocos meses, desaparece mientras su hermana mayor Thomasin cuida de él. La desaparición, rápidamente, se le atribuye a los lobos que habitan el bosque, justo al lado de la granja donde vive la familia. No obstante, Caleb, un apuesto preadolescente ya tiene claro que detrás de la desaparición de su hermano pequeño está la bruja que vive en el bosque. William, el padre de familia, y Katherine, la madre, rehuyen las explicaciones sobre la bruja, si bien ellos mismos afirman y alertan constantemente sobre de la existencia de la misma. Robert Eggers en ese mismo momento desdobla la narración en dos direcciones o capas: por un lado el cuento de terror basado en los escritos de la época, donde las brujas habitaban los bosques esperando la oportunidad de secuestrar y sacrificar a cualquier incauto (preferiblemente niños), y por otro un drama familiar que deja en el aire temas tabúes como el incesto o el parricidio, entre otros, y lanza proclamas feministas en momentos clave del metraje.
¿Hay realmente una bruja en el bosque? ¿es ella responsable de la desaparición del bebé? Robert Eggers va lanzando preguntas al espectador que ponen en tela de juicio todo lo que vemos en la pantalla. Por un lado somos conscientes del contexto en el que la familia comienza a perder la noción de la realidad, debido a las penurias que viven y el miedo a una supuesta bruja que los acecha, y por otro se nos muestran de forma explícita algunas apariciones de la bruja, bastante gráficas y macabras, como por ejemplo la escena en la que sacrifica al bebé pequeño con un cuchillo y después de una elipsis observamos cómo come trozos pequeños del niño y se unta la sangre por el cuerpo. Haciendo referencia al inicio del texto, es inevitable recordar el cuadro de Goya "Saturno devorando a un hijo" en casi todas las apariciones de la bruja. Eggers nos muestra  aquello que deseamos ver o que conocemos de las brujas culturalmente, léase una anciana ataviada de andrajosos ropajes y pelo despeinado y blanco, que vive en una cabaña en las profundidades de los bosques, recordándonos casi instantáneamente a la icónica bruja shakespeariana de "Macbeth", pasando por la versión que Disney aportó con "Blancanieves y los siete enanitos", o las brujas presentadas por Dreyer en su obra maestra "Dies Irae". Sin olvidar, por supuesto, la bruja del cuento infantil de los hermanos Grimm "Hansel y Gretel", del que extrae claramente su esencia. Dicho esto cabe reflexionar si el director norteamericano, ganador del premio al mejor Director en el último festival de Sundance por la presente película, no juega realmente al despiste introduciendo en nuestra psique las mismas patrañas que William a su familia, todo para mantenerlos alejados del peligroso bosque, territorio de un poderoso enemigo.
Las conexiones con la antes mencionada obra de Shyamalan son más que evidentes, no solo por jugar desde el suspense y la sugerencia para construir una cinta dramática con claros componentes de terror psicológico, sino por la radiografía histórica y social de ambas obras: ¿es así como se configuró el poder político e ideológico en Estados Unidos, sobre los cimientos del miedo a enemigos externos, reales o inventados si fuese necesario? Eggers parece dejar claro que sí, y como en la cinta de Shyamalan, la sombra del 11S y los más que probables ataques de falsa bandera así lo atestiguan, vistas las investigaciones científicas realizadas durante años por multitud de organizaciones de pilotos, bomberos, ingenieros y arquitectos de todo el país, conocimientos compartidos y muy extendidos por internet desde hace muchos tiempo y que vienen a desmontar una versión oficial de los hechos, que carece de cualquier sentido.
En una escena clave para entender el sofisticado juego deductivo que se nos propone, William y Caleb se adentran en el bosque en busca de comida pues el padre ha colocado cepos días atrás. El joven Caleb pregunta insistentemente a su padre por su hermano pequeño desaparecido, a lo que William rehuye constantemente, añadiendo que se lo han llevado los lobos y que ya no hay nada que hacer. Una extraña reacción sin duda de un padre que no se muestra en absoluto desesperado por la desaparición de su hijo,  sino por conseguir alguna presa. En esa misma escena se encuentra el meollo de toda la cinta, pues William afirma que días atrás hizo un trueque con dos personas y entregó un valioso cáliz de plata que pertenecía a su esposa a cambio de alimentos y un caballo. La pregunta es: ¿el bebé desaparecido entró también en el trueque? Teniendo en cuenta que el bebé no estaba bautizado y que el único lugar donde puede ser bautizado es en la colonia de la que han sido desterrados, pienso que la respuesta es más que evidente.
"La Bruja" abre varios frentes desde su inicio que parecen encajar en su desconcertante y onírico desenlace, y que tanta indignación e incomprensión están originando entre muchos espectadores que muy probablemente esperaban u producto muy distinto al visto en el cine. Por una lado tenemos el drama de la pérdida del bebé, y por otra las tensiones internas y externas que afectan a la protagonista absoluta de la cinta: la joven Thomasin, hermana mayor de la familia. Sobre ella recaen todas las tareas domésticas, cuidar de sus hermanos, dar de comer  a los animales, ordeñar y limpiar la ropa de sus padres. La nobleza de la joven y su arrojo la ponen rápidamente en el punto de mira de sus histriónicos padres. Y no solo eso. Eggers juega con la sutileza de los gestos y el lenguaje para mostrarnos una relación incestuosa entre padre e hija, como mínimo en deseo soterrado, y si bien no queda claro que se haya llevado a cabo ningún contacto carnal entre ambos, sí se percibe un claro deseo por parte de William. De la misma forma, y esta vez mucho mas evidente, el joven Caleb desea a su hermana, a la que con disimulo, en otra escena memorable de la película, mira los pechos de Thomasin mientras esta lava la ropa en el río. La joven, en un arrogante comentario propio de una adolescente que desea liberarse del férreo control de sus padres y todo lo que simbolizan (fanatismo religioso, ideología patriarcal), asusta a su hermana pequeña autoproclamándose "la bruja del bosque", afirmando incluso haber firmado un pacto con el diablo.
Hay otra escena clave en la película posterior a esos hechos en los que Thomasin y Caleb se pierden en el bosque, llegando el primero hasta la cabaña de bruja, que adopta la forma de una bella joven, que lo besa en los labios y posteriormente lo captura. El joven Caleb aparece horas después desnudo y absorto en mitad de una fuerte tormenta, como poseído, y después de una extraña revelación, vomita una manzana mordida y fallece de forma dramática. ¿Realmente Caleb ha sido secuestrado por una bruja, o por el contrario ha mantenido una relación incestuosa con su hermana Thomasin en el bosque? ¿Ha sido "embrujado" por su hermana, de la misma forma que lo está también su padre? Katherine, la estricta madre, intuye que así es, y culpa a Thomasin de todos los males sucedidos. La tensión es total, y si nos atenemos al cuento de terror que literalmente se nos narra, el diablo está haciendo su trabajo perfectamente destruyendo la familia de colonos ingleses. Diablo que (y aquí entra de nuevo la doble y rica lectura que de la película podemos hacer) supuestamente se encarna en unos de los animales que posee la familia, el macho cabrío de color negro apodado Philip "El negro", que juguetea con los hermanos gemelos y supuestamente les revela que su hermana Thomasin es una bruja. ¿Juegos infantiles o presencia diabólica encarnada en un animal?
Una de las escenas más perturbadoras es la del sueño de Katherine, en el que recibe la visita de sus dos hijos muertos y en el que forma explícita podemos observar el cáliz de plata dejando muy claro que la ausencia del bebé está relacionada con el trueque que William llevó a cabo en un repugnante y cobarde acto. La madre, creyendo que está junto a sus hijos, es realmente picoteada en el pecho por un cuervo negro. Es, sin duda, una imagen difícil de olvidar. El desenlace de la película no hace sino abrir más interrogantes si cabe, cuando el macho cabrío mata a William de varias cornadas, si bien una lectura racional y lógica de los hechos acontecidos en la parte final del metraje deja muy claro que el pacto con el diablo que Thomasin firma en el cobertizo (excelente escena, por cierto) y el posterior aquelarre no es sino una ensoñación liberadora de una adolescente. Thomasin, que recordemos ya decía haber pactado con el diablo, bromeando con su hermana pequeña, materializa su fantasía mientras duerme apoyada en una mesa. Desnuda, y con el rostro manchado de sangre tras asesinar a su madre con un cuchillo, Thomasin observa en mitad del bosque una reunión de brujas jóvenes que levitan y gozan sentadas sobre escobas alrededor de una gran hoguera, escobas que bien pueden representar al falo patriarcal que ha escrito la historia durante los últimos siglos de la humanidad, aparte de un símbolo sexual para el sexo femenino, también es su sometimiento cultural. La joven, perpleja, abre los brazos y vuela literalmente en un acto mágico, diabólico, transformándose así en una mujer libre en un desenlace con tintes feministas, cerrando así un relato tan arriesgado como desconcertante.

- Manuel Panadero.